viernes, 14 de noviembre de 2014
Cenizas de ti.
sábado, 4 de octubre de 2014
Llegaste tarde, querida.
La llamé durante meses, de todas las formas posibles, a todas horas. Necesitaba hablar con ella, negociar algunos asuntos y firmar el contrato con pastillas y una botella de vodka. Empecé a volverme loca, debía cobijarme entre sus brazos del mundo exterior. Pero no llegaba. No venía. Llegué a pensar que no existía, que seguramente me lo había imaginado. Pero era imposible, era todo demasiado real para ser una simple trola. Hasta que aquella madrugada, a las 4:53 apareció. Por fin mis gritos sordos, mis inacabables llantos y mis ensangrentados puños dieron los resultados que tanto quería. Un dolor atormentador reinaba en mi cabeza cuando la vi con su elegante y negra túnica acercándose. Me puse en pie de golpe al ver que intentaba mascullar alguna cosa que yo no acababa de entender.
-No, no te vayas. -me dijo ella, con una sonrisa que parecía más bien triste y con una mirada de compasión (que quién iba a decir que alguien así iba a sentir lástima por mí)
-Ya no tiene sentido que me quede. -respondí.
Ella añadió algo de valentía en mí y cogí las pastillas.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Odette.
Somos.
lunes, 25 de agosto de 2014
Locos muriendo por amor y yo matando por ti.
Nunca he creído en la magia pero descubrí que existía cuando te conocí y supe que quería ser tu verso, tu poema; o tu musa y prosa, yo qué sé; pero supe quería formar parte de este don que tienes de convertir las palabras en un mundo inolvidable al cual escapar de la realidad si se me antoja. Y qué decir de la risilla tonta que se te escapa siempre que te dicen "idiota" y del deseo que tengo de perderme entre tu boca. Y es que qué labios, joder, vaya paraíso es ese para quien busca cobijo en pleno febrero. Hablemos, también, de que he aprendido a quererte en silencio por si algún día llegas y me abrazas, decirte todo lo que me he estado callando por miedo a ser rechazada. Porque tú le has dado vida a mis palabras y a mis sentimientos.
Y mira cuántos locos muriendo por amor cuando podrían dedicarle los versos más bonitos esta noche a él, a ella o a su estúpida y luminosa sonrisa. Joder, eso sí que es poesía.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Deshagámonos juntos.
Se acomoda en la cama mientras sigue con la mirada fija en el cielo. Pequeñas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas y le duele. Se siente como si estuviera caminando entre pedazos de un cristal hecho trizas. Como aquellas estrellas que crecen y de cada vez brillan con más intensidad hasta que explotan y poco a poco desaparecen. Y es que, ¿cómo va a querer alguien tan maravilloso como él a una chica tan ordinaria como ella? Es totalmente impensable, pero le encanta imaginarse lo que sería una vida juntos cada noche a las doce en punto. Y así acaba hundida en la miseria. Todas las noches los mismos sueños, las mismas lágrimas y los mismos sentimientos. Vuelve a acomodarse para esta vez quedarse tumbada en la cama. Apaga la luz y todo queda a oscuras quitando con la pequeña claridad que proporciona la Luna. Sus lágrimas no cesan y caen como gotas de lluvia sobre sus labios. El sabor es salado, el sentimiento amargo. Y fantasea de nuevo con que él transforme sus fríos inviernos en cálidas primaveras. Que haga de su desastre una ventura y de sus sueños algo real. Que la quiera, si es que no pide nada más.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Aquí me ves, escribiéndole a alguien que ya no está.
A día de hoy sigo vagando por las calles de mi mente buscando, tal vez, un sitio donde encontrarte. Y sí, aún me quedan ganas, porque al fin y al cabo, sigo con la esperanza de toparme contigo algún día. Aunque me he dado cuenta de que por mucho que te busque y crea encontrarte, siempre estará la realidad de por medio. Se han resuelto muchas cosas en más de un año, pero otras siguen ahí y parecen no resolverse nunca. Porque siempre van a estar ahí. Siempre vas a estar ahí. Me agobio, me estreso y me hundo.
La vida ha hecho de mi corazón harapos y se ha limpiado con ellos. Todo me sabe a gris, a domingo, a amargura y resentimiento. Y así está todo jodido. Reconozco que te echo de menos, joder si lo hago. Y al final no seré más que una esclava de tu recuerdo. Una esclava de ti. Una esclava que no para de buscarle un sentido a todo es esto. Una esclava a la que dueles. A la que matas. Al fin y al cabo, una esclava del dolor.
domingo, 3 de agosto de 2014
No, no eres la Luna, eres Venus.
Odias las rutinas, pero no haces más que adaptarte a ellas. Todas las noches te tomas aquel café horroroso mientras te sientas a observar la Luna. Y qué bonita es ¿verdad? Y mientras te quedas aturdida por su belleza empiezas a pensar en ti. En el mismo orden. Siempre. Empiezas avergonzándote de ti, odiándote. Sabes que nunca llegarás a ser tan hermosa como la Luna, jamás. Nadie te prometerá como lo hacen los adolescentes. Nadie te deseará, ni romperás esas promesas de jóvenes. No brillarás nunca. Después sientes que eres una decepción. Un lastre. Una carga. No haces más que recordártelo. Una y otra vez. Y te quejas mientras te consumes. Mientras todo lo que un día fuiste se desvanece. Y no, no eres la Luna, eres Venus.
Algún día te querrás, te lo prometo. Algún día dejarás de ser tú para convertirte en Venus, la diosa de la belleza, del amor.
Algún día, lo juro.
domingo, 27 de julio de 2014
¡Qué se enteren todos!
Dile al sepulturero que invente de esta amistad un final, porque yo no he sido capaz. Que nos entierren vivas, no lo culparé, tampoco tengo mucho por lo que luchar. Que nos descosa, nos haga harapos y se limpie las manos al acabar su trabajo. Dile que te he metido en mi saco porque por mucho que me duelas formas parte de mí, y al desaparecer yo, tú lo haces conmigo. No seas ingenua, ya lo sabías desde un principio. "Juntas para siempre" ¿te acuerdas?
¡Vamos! Diles a todos esos metomentodo que nos hemos hundido por nuestra culpa. Diles que entre nosotras ya nada será igual, que ya han conseguido lo que querían. Diles que mi corazón se congeló para no volver a latir más porque quiere alejarse del mundo, de mi cuerpo. Diles que ya todo acabó. Diles que vivan contentos en su mundo de hipocresía, que ya no tienen que luchar para que nos alejemos, que ya no tienen que luchar por nada, porque ya no tienen nada por lo que luchar. Diles, diles que somos felices en nuestra porquería. Diles que aún me aprecias, ¡venga! Cuéntales la verdad. Estamos separadas pero nuestros corazones nos unen. Diles que nos pudriremos, que ya he encontrado el final para esta historia.
"Juntas para siempre."
Esto va a ser lo último que te escriba, total, con todo lo que dejaste de ti en mí, ni en broma te olvido.
miércoles, 16 de julio de 2014
Rota.
Me encogí de hombros aunque sabía perfectamente qué insinuabas. Era una duda que me estuvo vagando por la mente todas las noches.
-Simplemente he madurado.
-¿Madurar significa que tengas que dejarlo todo atrás? ¿Renunciar a la felicidad, a tus sueños, a lo que un día fuiste?
-Significa darte cuenta de que todos los sueños de tu infancia son pura falacia.
Te acercaste más a mi vera y me abrazaste, creo que nunca llegaré a entender ese repentino movimiento. No me gustó, sentí que me hacía pequeña, que para ti era alguien débil. En ese momento solo quería correr y desaparecer de tu lado. Me escurrí de entre tus brazos y me fui.
-¡No puedes huir siempre de todo! ¿No dices que eres una persona madura? Bueno, pues detente y afronta toda esta porquería, ¡deja de esconderte!
Aún recuerdo el dolor de cabeza que me provocó lo que dijiste, debiste sentirte aliviado porque me paré en seco al escuchar tu última frase. "Deja de esconderte". Las lágrimas empezaban a quemarme los ojos y un nudo en el estomago hizo que estallara.
-Yo no me escondo de nada, yo ya no tengo miedo.
-¿Qué no? ¿Entonces por qué no te enfrentas a todo lo malo que te está destruyendo?
-Porque no quiero deshacerme de ti.
Aún puedo sentir las lágrimas brotando de mis ojos. Recuerdo la melodía de tus pasos alejándose de mí cada vez más. Iba acelerando a medida que yo me derrumbaba en el asfalto. Me sentí totalmente destruida.
Me dejé caer en un pequeño árbol que había. Recogí mis piernas y apoyé la cabeza en ellas intentando saber cómo remediar toda esta porquería, como tú lo llamabas, pero no podía o quizás no quería. Me quedé allí sentada durante una hora, o tal vez más. Perdí la noción del tiempo cuando me concentré en la musicalidad que emitían tus pies al marcharse de ahí, de mi lado.
Aún guardo tu último beso junto a los pétalos de un 'me quiero' que espero llegar a creer algún día. Todavía guardo un pedazo de rosa despedazada dentro de aquel libro que un día leímos juntos y, que por cierto, tenemos pendiente de acabar. Y que mal se nos daba terminar las cosas.
martes, 15 de julio de 2014
Al borde del abismo.
Estoy en el viejo edificio donde nos conocimos. Aún no lo han reformado y dudo mucho que algún día vayan a hacerlo. Siguen habiendo esas escaleras desniveladas y el techo polvoriento a causa de su vejez. Las ventanas rotas no han dejado de darle ese toque misterioso que tanto nos gustaba y las paredes están quebradas de tal manera que parece que haya habido un terremoto aquí dentro.Si te soy sincera allí donde solían haber puertas sólo queda un hueco que no se puede cerrar. La terraza del séptimo piso está mucho más destruida de lo que recordaba. Aquí es donde me encuentro, sentada con los pies al vacío. Siempre que siento la necesidad de recordarte, de sentirte, visito este viejo bloque por si tropiezo con tu sonrisa. O contigo, quién sabe. Desde que te fuiste ya no sé quien soy. Te fuiste sin despedida, sin nada. Te olvidaste de mí, de que existía. Y decidiste irte, para siempre. Y de verdad que no lo comprendo. La gente no hace más que decirme bobadas; que si no debería volver aquí, que es malo recordarte... Vaya memez. No saben de lo que hablan. "Que yo no quiero olvidarle" les repito, pero es como si no me escucharan, como si hablara sin decir nada.
Deberías haberte dado cuenta de que, matándote a ti también me matabas a mí. Deberías haber pensado en lo vacía que me dejarías antes de cometer tal tragedia. ¿Sabes qué? A veces no vengo a este edifico buscándote sino que vengo con una idea macabra en la cabeza. Una idea que me atormenta cada noche, que no me deja dormir. Y no puedo evitarlo porque siempre acabo en este edificio pensando en por qué lo hiciste, en si el suicidio de verdad debe ser la solución para que tu recuerdo deje de atormentarme más noches.
Está empezando a refrescar y no sabes lo que daría por un poco de calor humano. Desde que te fuiste me he encerrado en mí misma y bueno... ya nada es lo mismo. La gente se aleja de mí, no les gusto.
Estoy temblando por el frío pero sigo aquí, sentada con los pies al vacío y con lágrimas resbalando como gotas de lluvia por mis mejillas. Empiezo a sentir como mi alma quiere deshacerse de mi cuerpo y perderse en el frío vació que deja la muerte. No dejo de preguntarme qué se debe sentir al caer desde lo alto. Supongo que sería como mi día a día. Vas cayendo y a medida que desciendes chillas, gritas. Pero nadie puede oírte. Y sigues cayendo, deseando que tu suave mejilla se desplome contra el duro suelo, pero ese momento no llega. Caes y no dejas de caer. Te hundes cada vez más, sólo quieres acabar de romperte en mil pedazos, desaparecer.
Y aquí me encuentro, en el borde del abismo decidiéndome sobre si saltar o no.