miércoles, 20 de agosto de 2014

Deshagámonos juntos.

Su sonrisa va quebrándose a medida que dibuja en el cristal de la ventana todo aquello que siempre quiso hacer con él. La noche está estrellada y pequeñas gotas de lluvia se deslizan delicadamente por su ventanal. Ella mira al cielo y piensa en todos esos domingos de amor sin amor y sin él. Se los imagina a los dos, enredando sus lenguas con un toque de vergüenza y otro de pasión. Intercambiando multitud de caricias, sonrisas y miradas pícaras. Ella desea que cada fibra de su piel se excite con el contacto de sus carnosos labios en el cuello. Besos lentos, suaves, delicados y, sobretodo, llenos de lujuria. Siente esa ansia de aferrarse a él y de querer abrazarle que no le deja dormir por las noches. Quiere poder despertar a su lado sintiendo el calor de sus cuerpos enlazados. Necesita ser querida, deseada, amada y llegar a tocar el cielo con tan solo una caricia.Y sigue soñando. Sueña con sus marrones ojos, aquellos que tan encaprichada la tienen. Prefiere esos ojos oscuros antes que unos que reflejen la mar. Serán marrones, sí, pero son los ojos más bonitos que ha visto en toda su vida. Nunca alguien le había transmitido tanto con una sola mirada. Incluso sus disimuladas ojeras la tienen loca. Su sonrisa debería ser reconocida como la octava maravilla porque Dios mío, quien pudiera besar cosa tan hermosa. Y su voz tan tierna y dulce tendría que ser escuchada cada mañana al despertarse. Ella quiere todo eso. Ella lo quiere a su lado. Para siempre.

Se acomoda en la cama mientras sigue con la mirada fija en el cielo. Pequeñas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas y le duele. Se siente como si estuviera caminando entre pedazos de un cristal hecho trizas. Como aquellas estrellas que crecen y de cada vez brillan con más intensidad hasta que explotan y poco a poco desaparecen. Y es que, ¿cómo va a querer alguien tan maravilloso como él a una chica tan ordinaria como ella? Es totalmente impensable, pero le encanta imaginarse lo que sería una vida juntos cada noche a las doce en punto. Y así acaba hundida en la miseria. Todas las noches los mismos sueños, las mismas lágrimas y los mismos sentimientos. Vuelve a acomodarse para esta vez quedarse tumbada en la cama. Apaga la luz y todo queda a oscuras quitando con la pequeña claridad que proporciona la Luna. Sus lágrimas no cesan y caen como gotas de lluvia sobre sus labios. El sabor es salado, el sentimiento amargo. Y fantasea de nuevo con que él transforme sus fríos inviernos en cálidas primaveras. Que haga de su desastre una ventura y de sus sueños algo real. Que la quiera, si es que no pide nada más.


No hay comentarios:

Publicar un comentario