martes, 15 de julio de 2014

Al borde del abismo.

Estoy en el viejo edificio donde nos conocimos. Aún no lo han reformado y dudo mucho que algún día vayan a hacerlo. Siguen habiendo esas escaleras desniveladas y el techo polvoriento a causa de su vejez. Las ventanas rotas no han dejado de darle ese toque misterioso que tanto nos gustaba y las paredes están quebradas de tal manera que parece que haya habido un terremoto aquí dentro.Si te soy sincera allí donde solían haber puertas sólo queda un hueco que no se puede cerrar. La terraza del séptimo piso está mucho más destruida de lo que recordaba. Aquí es donde me encuentro, sentada con los pies al vacío. Siempre que siento la necesidad de recordarte, de sentirte, visito este viejo bloque por si tropiezo con tu sonrisa. O contigo, quién sabe. Desde que te fuiste ya no sé quien soy. Te fuiste sin despedida, sin nada. Te olvidaste de mí, de que existía. Y decidiste irte, para siempre. Y de verdad que no lo comprendo. La gente no hace más que decirme bobadas; que si no debería volver aquí, que es malo recordarte... Vaya memez. No saben de lo que hablan. "Que yo no quiero olvidarle" les repito, pero es como si no me escucharan, como si hablara sin decir nada.

Deberías haberte dado cuenta de que, matándote a ti también me matabas a mí. Deberías haber pensado en lo vacía que me dejarías antes de cometer tal tragedia. ¿Sabes qué? A veces no vengo a este edifico buscándote sino que vengo con una idea macabra en la cabeza. Una idea que me atormenta cada noche, que no me deja dormir. Y no puedo evitarlo porque siempre acabo en este edificio pensando en por qué lo hiciste, en si el suicidio de verdad debe ser la solución para que tu recuerdo deje de atormentarme más noches.

Está empezando a refrescar y no sabes lo que daría por un poco de calor humano. Desde que te fuiste me he encerrado en mí misma y bueno... ya nada es lo mismo. La gente se aleja de mí, no les gusto.

Estoy temblando por el frío pero sigo aquí, sentada con los pies al vacío y con lágrimas resbalando como gotas de lluvia por mis mejillas. Empiezo a sentir como mi alma quiere deshacerse de mi cuerpo y perderse en el frío vació que deja la muerte. No dejo de preguntarme qué se debe sentir al caer desde lo alto. Supongo que sería como mi día a día. Vas cayendo y a medida que desciendes chillas, gritas. Pero nadie puede oírte. Y sigues cayendo, deseando que tu suave mejilla se desplome contra el duro suelo, pero ese momento no llega. Caes y no dejas de caer. Te hundes cada vez más, sólo quieres acabar de romperte en mil pedazos, desaparecer.

Y aquí me encuentro, en el borde del abismo decidiéndome sobre si saltar o no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario