Me he enamorado del frío, de la lluvia y de la noche, de las ciudades en plena madrugada, de las lágrimas de unos ojos que jamás brillarán, de las margaritas rotas por saber si me quieres, del marrón de tus ojos, de tu magia, de los lunares en tu espalda, de besos intensos en Alaska y de callejones sin salida. Que las mejillas se me tiñan de morado y mis labios empiecen a sangrar. Y quedarme dormida en cualquier lugar donde me abrace tu alma. Quiero saber que es eso de querer, y quiero saberlo contigo. Quiero ser tu poema, tu musa, tu métrica; la felicidad en tu vida. Necesito ser tu mejor susurro, tu compañera, los brazos que te calienten en plena ventisca y la persona que repare tus pedazos. Pretendo ser de la que te enamores y a la que no entiendas. Que estas palabras dejen de gritar tu nombre y el frío no me cale en enero. Y que mis manos no mueran de hipotermia porque no estás. Quizá la que no esté soy yo, pero qué más dará si no soy capaz de llenar tu vacío. Y quiero, quiero acabar con tu caos, con tu dolor, con tu apatía y con tus domingos. Tristes domingos...
Nunca he creído en la magia pero descubrí que existía cuando te conocí y supe que quería ser tu verso, tu poema; o tu musa y prosa, yo qué sé; pero supe quería formar parte de este don que tienes de convertir las palabras en un mundo inolvidable al cual escapar de la realidad si se me antoja. Y qué decir de la risilla tonta que se te escapa siempre que te dicen "idiota" y del deseo que tengo de perderme entre tu boca. Y es que qué labios, joder, vaya paraíso es ese para quien busca cobijo en pleno febrero. Hablemos, también, de que he aprendido a quererte en silencio por si algún día llegas y me abrazas, decirte todo lo que me he estado callando por miedo a ser rechazada. Porque tú le has dado vida a mis palabras y a mis sentimientos.
Y mira cuántos locos muriendo por amor cuando podrían dedicarle los versos más bonitos esta noche a él, a ella o a su estúpida y luminosa sonrisa. Joder, eso sí que es poesía.
lunes, 25 de agosto de 2014
miércoles, 20 de agosto de 2014
Deshagámonos juntos.
Su sonrisa va quebrándose a medida que dibuja en el cristal de la ventana todo aquello que siempre quiso hacer con él. La noche está estrellada y pequeñas gotas de lluvia se deslizan delicadamente por su ventanal. Ella mira al cielo y piensa en todos esos domingos de amor sin amor y sin él. Se los imagina a los dos, enredando sus lenguas con un toque de vergüenza y otro de pasión. Intercambiando multitud de caricias, sonrisas y miradas pícaras. Ella desea que cada fibra de su piel se excite con el contacto de sus carnosos labios en el cuello. Besos lentos, suaves, delicados y, sobretodo, llenos de lujuria. Siente esa ansia de aferrarse a él y de querer abrazarle que no le deja dormir por las noches. Quiere poder despertar a su lado sintiendo el calor de sus cuerpos enlazados. Necesita ser querida, deseada, amada y llegar a tocar el cielo con tan solo una caricia.Y sigue soñando. Sueña con sus marrones ojos, aquellos que tan encaprichada la tienen. Prefiere esos ojos oscuros antes que unos que reflejen la mar. Serán marrones, sí, pero son los ojos más bonitos que ha visto en toda su vida. Nunca alguien le había transmitido tanto con una sola mirada. Incluso sus disimuladas ojeras la tienen loca. Su sonrisa debería ser reconocida como la octava maravilla porque Dios mío, quien pudiera besar cosa tan hermosa. Y su voz tan tierna y dulce tendría que ser escuchada cada mañana al despertarse. Ella quiere todo eso. Ella lo quiere a su lado. Para siempre.
Se acomoda en la cama mientras sigue con la mirada fija en el cielo. Pequeñas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas y le duele. Se siente como si estuviera caminando entre pedazos de un cristal hecho trizas. Como aquellas estrellas que crecen y de cada vez brillan con más intensidad hasta que explotan y poco a poco desaparecen. Y es que, ¿cómo va a querer alguien tan maravilloso como él a una chica tan ordinaria como ella? Es totalmente impensable, pero le encanta imaginarse lo que sería una vida juntos cada noche a las doce en punto. Y así acaba hundida en la miseria. Todas las noches los mismos sueños, las mismas lágrimas y los mismos sentimientos. Vuelve a acomodarse para esta vez quedarse tumbada en la cama. Apaga la luz y todo queda a oscuras quitando con la pequeña claridad que proporciona la Luna. Sus lágrimas no cesan y caen como gotas de lluvia sobre sus labios. El sabor es salado, el sentimiento amargo. Y fantasea de nuevo con que él transforme sus fríos inviernos en cálidas primaveras. Que haga de su desastre una ventura y de sus sueños algo real. Que la quiera, si es que no pide nada más.
Se acomoda en la cama mientras sigue con la mirada fija en el cielo. Pequeñas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas y le duele. Se siente como si estuviera caminando entre pedazos de un cristal hecho trizas. Como aquellas estrellas que crecen y de cada vez brillan con más intensidad hasta que explotan y poco a poco desaparecen. Y es que, ¿cómo va a querer alguien tan maravilloso como él a una chica tan ordinaria como ella? Es totalmente impensable, pero le encanta imaginarse lo que sería una vida juntos cada noche a las doce en punto. Y así acaba hundida en la miseria. Todas las noches los mismos sueños, las mismas lágrimas y los mismos sentimientos. Vuelve a acomodarse para esta vez quedarse tumbada en la cama. Apaga la luz y todo queda a oscuras quitando con la pequeña claridad que proporciona la Luna. Sus lágrimas no cesan y caen como gotas de lluvia sobre sus labios. El sabor es salado, el sentimiento amargo. Y fantasea de nuevo con que él transforme sus fríos inviernos en cálidas primaveras. Que haga de su desastre una ventura y de sus sueños algo real. Que la quiera, si es que no pide nada más.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Aquí me ves, escribiéndole a alguien que ya no está.
Me dijeron que te fuiste, que dejaste de existir en mi vida, en la de todos. Que ya no volverías a ver amanecer con una taza de café frío como tanto te gustaba. También me contaron que no verías más la Luna, que no podrías volver a ver las estrellas brillar en el infinito firmamento. Me dijeron tantas cosas que dejé de prestar atención cuando escuché la palabra "muerto". Me quedé plantada en el duro asfalto y fijé la mirada en aquella boca que intentaba decir algo que yo no escuchaba, porque no quería, porque no lo necesitaba. Todo lo que estaba a mi alrededor empezó a fundirse entre las lágrimas y mi cuerpo cayó al suelo. Me desplomé sin más y cuando quise darme cuenta estaba sollozando, temblando de ansiedad. No podía creerlo, tal vez no quería pero ¿qué más daba todo si ya no estabas?
A día de hoy sigo vagando por las calles de mi mente buscando, tal vez, un sitio donde encontrarte. Y sí, aún me quedan ganas, porque al fin y al cabo, sigo con la esperanza de toparme contigo algún día. Aunque me he dado cuenta de que por mucho que te busque y crea encontrarte, siempre estará la realidad de por medio. Se han resuelto muchas cosas en más de un año, pero otras siguen ahí y parecen no resolverse nunca. Porque siempre van a estar ahí. Siempre vas a estar ahí. Me agobio, me estreso y me hundo.
La vida ha hecho de mi corazón harapos y se ha limpiado con ellos. Todo me sabe a gris, a domingo, a amargura y resentimiento. Y así está todo jodido. Reconozco que te echo de menos, joder si lo hago. Y al final no seré más que una esclava de tu recuerdo. Una esclava de ti. Una esclava que no para de buscarle un sentido a todo es esto. Una esclava a la que dueles. A la que matas. Al fin y al cabo, una esclava del dolor.
A día de hoy sigo vagando por las calles de mi mente buscando, tal vez, un sitio donde encontrarte. Y sí, aún me quedan ganas, porque al fin y al cabo, sigo con la esperanza de toparme contigo algún día. Aunque me he dado cuenta de que por mucho que te busque y crea encontrarte, siempre estará la realidad de por medio. Se han resuelto muchas cosas en más de un año, pero otras siguen ahí y parecen no resolverse nunca. Porque siempre van a estar ahí. Siempre vas a estar ahí. Me agobio, me estreso y me hundo.
La vida ha hecho de mi corazón harapos y se ha limpiado con ellos. Todo me sabe a gris, a domingo, a amargura y resentimiento. Y así está todo jodido. Reconozco que te echo de menos, joder si lo hago. Y al final no seré más que una esclava de tu recuerdo. Una esclava de ti. Una esclava que no para de buscarle un sentido a todo es esto. Una esclava a la que dueles. A la que matas. Al fin y al cabo, una esclava del dolor.
domingo, 3 de agosto de 2014
No, no eres la Luna, eres Venus.
Te miras al espejo y te odias, tanto por fuera como por dentro. Y tienes miedo de derrumbarte frente al espejo, una vez más. Coges el rotulador permanente y empiezas a garabatear en tu piel. Dibujas líneas por todas esas partes de tu cuerpo que no te gustan, que desearías cambiar. Y acabas con el cuerpo negro. No te gustas, ya no. Tampoco te gusta el café que te tomas cada mañana. Sabe a agua de alcantarilla. Pero igualmente lo tomas porque es parte de tu rutina. No, eso no te gusta. La rutina es aburrida, como tú. Ya no hay caos en tu vida, olvida todo aquello, ahora no eres más que tormenta. Te has hecho pedazos, otra vez. Deja de mirarte, no haces más que torturarte. Ese espejo, Dios santo, ¡rómpelo! Deshazte de él. Es un reflejo de tus demonios, de tu tormenta. No la mires, no los mires. Tus demonios son tus miedos... eres tú.
Odias las rutinas, pero no haces más que adaptarte a ellas. Todas las noches te tomas aquel café horroroso mientras te sientas a observar la Luna. Y qué bonita es ¿verdad? Y mientras te quedas aturdida por su belleza empiezas a pensar en ti. En el mismo orden. Siempre. Empiezas avergonzándote de ti, odiándote. Sabes que nunca llegarás a ser tan hermosa como la Luna, jamás. Nadie te prometerá como lo hacen los adolescentes. Nadie te deseará, ni romperás esas promesas de jóvenes. No brillarás nunca. Después sientes que eres una decepción. Un lastre. Una carga. No haces más que recordártelo. Una y otra vez. Y te quejas mientras te consumes. Mientras todo lo que un día fuiste se desvanece. Y no, no eres la Luna, eres Venus.
Algún día te querrás, te lo prometo. Algún día dejarás de ser tú para convertirte en Venus, la diosa de la belleza, del amor.
Algún día, lo juro.
Odias las rutinas, pero no haces más que adaptarte a ellas. Todas las noches te tomas aquel café horroroso mientras te sientas a observar la Luna. Y qué bonita es ¿verdad? Y mientras te quedas aturdida por su belleza empiezas a pensar en ti. En el mismo orden. Siempre. Empiezas avergonzándote de ti, odiándote. Sabes que nunca llegarás a ser tan hermosa como la Luna, jamás. Nadie te prometerá como lo hacen los adolescentes. Nadie te deseará, ni romperás esas promesas de jóvenes. No brillarás nunca. Después sientes que eres una decepción. Un lastre. Una carga. No haces más que recordártelo. Una y otra vez. Y te quejas mientras te consumes. Mientras todo lo que un día fuiste se desvanece. Y no, no eres la Luna, eres Venus.
Algún día te querrás, te lo prometo. Algún día dejarás de ser tú para convertirte en Venus, la diosa de la belleza, del amor.
Algún día, lo juro.
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