domingo, 27 de julio de 2014
¡Qué se enteren todos!
Dile al sepulturero que invente de esta amistad un final, porque yo no he sido capaz. Que nos entierren vivas, no lo culparé, tampoco tengo mucho por lo que luchar. Que nos descosa, nos haga harapos y se limpie las manos al acabar su trabajo. Dile que te he metido en mi saco porque por mucho que me duelas formas parte de mí, y al desaparecer yo, tú lo haces conmigo. No seas ingenua, ya lo sabías desde un principio. "Juntas para siempre" ¿te acuerdas?
¡Vamos! Diles a todos esos metomentodo que nos hemos hundido por nuestra culpa. Diles que entre nosotras ya nada será igual, que ya han conseguido lo que querían. Diles que mi corazón se congeló para no volver a latir más porque quiere alejarse del mundo, de mi cuerpo. Diles que ya todo acabó. Diles que vivan contentos en su mundo de hipocresía, que ya no tienen que luchar para que nos alejemos, que ya no tienen que luchar por nada, porque ya no tienen nada por lo que luchar. Diles, diles que somos felices en nuestra porquería. Diles que aún me aprecias, ¡venga! Cuéntales la verdad. Estamos separadas pero nuestros corazones nos unen. Diles que nos pudriremos, que ya he encontrado el final para esta historia.
"Juntas para siempre."
Esto va a ser lo último que te escriba, total, con todo lo que dejaste de ti en mí, ni en broma te olvido.
miércoles, 16 de julio de 2014
Rota.
Me encogí de hombros aunque sabía perfectamente qué insinuabas. Era una duda que me estuvo vagando por la mente todas las noches.
-Simplemente he madurado.
-¿Madurar significa que tengas que dejarlo todo atrás? ¿Renunciar a la felicidad, a tus sueños, a lo que un día fuiste?
-Significa darte cuenta de que todos los sueños de tu infancia son pura falacia.
Te acercaste más a mi vera y me abrazaste, creo que nunca llegaré a entender ese repentino movimiento. No me gustó, sentí que me hacía pequeña, que para ti era alguien débil. En ese momento solo quería correr y desaparecer de tu lado. Me escurrí de entre tus brazos y me fui.
-¡No puedes huir siempre de todo! ¿No dices que eres una persona madura? Bueno, pues detente y afronta toda esta porquería, ¡deja de esconderte!
Aún recuerdo el dolor de cabeza que me provocó lo que dijiste, debiste sentirte aliviado porque me paré en seco al escuchar tu última frase. "Deja de esconderte". Las lágrimas empezaban a quemarme los ojos y un nudo en el estomago hizo que estallara.
-Yo no me escondo de nada, yo ya no tengo miedo.
-¿Qué no? ¿Entonces por qué no te enfrentas a todo lo malo que te está destruyendo?
-Porque no quiero deshacerme de ti.
Aún puedo sentir las lágrimas brotando de mis ojos. Recuerdo la melodía de tus pasos alejándose de mí cada vez más. Iba acelerando a medida que yo me derrumbaba en el asfalto. Me sentí totalmente destruida.
Me dejé caer en un pequeño árbol que había. Recogí mis piernas y apoyé la cabeza en ellas intentando saber cómo remediar toda esta porquería, como tú lo llamabas, pero no podía o quizás no quería. Me quedé allí sentada durante una hora, o tal vez más. Perdí la noción del tiempo cuando me concentré en la musicalidad que emitían tus pies al marcharse de ahí, de mi lado.
Aún guardo tu último beso junto a los pétalos de un 'me quiero' que espero llegar a creer algún día. Todavía guardo un pedazo de rosa despedazada dentro de aquel libro que un día leímos juntos y, que por cierto, tenemos pendiente de acabar. Y que mal se nos daba terminar las cosas.
martes, 15 de julio de 2014
Al borde del abismo.
Estoy en el viejo edificio donde nos conocimos. Aún no lo han reformado y dudo mucho que algún día vayan a hacerlo. Siguen habiendo esas escaleras desniveladas y el techo polvoriento a causa de su vejez. Las ventanas rotas no han dejado de darle ese toque misterioso que tanto nos gustaba y las paredes están quebradas de tal manera que parece que haya habido un terremoto aquí dentro.Si te soy sincera allí donde solían haber puertas sólo queda un hueco que no se puede cerrar. La terraza del séptimo piso está mucho más destruida de lo que recordaba. Aquí es donde me encuentro, sentada con los pies al vacío. Siempre que siento la necesidad de recordarte, de sentirte, visito este viejo bloque por si tropiezo con tu sonrisa. O contigo, quién sabe. Desde que te fuiste ya no sé quien soy. Te fuiste sin despedida, sin nada. Te olvidaste de mí, de que existía. Y decidiste irte, para siempre. Y de verdad que no lo comprendo. La gente no hace más que decirme bobadas; que si no debería volver aquí, que es malo recordarte... Vaya memez. No saben de lo que hablan. "Que yo no quiero olvidarle" les repito, pero es como si no me escucharan, como si hablara sin decir nada.
Deberías haberte dado cuenta de que, matándote a ti también me matabas a mí. Deberías haber pensado en lo vacía que me dejarías antes de cometer tal tragedia. ¿Sabes qué? A veces no vengo a este edifico buscándote sino que vengo con una idea macabra en la cabeza. Una idea que me atormenta cada noche, que no me deja dormir. Y no puedo evitarlo porque siempre acabo en este edificio pensando en por qué lo hiciste, en si el suicidio de verdad debe ser la solución para que tu recuerdo deje de atormentarme más noches.
Está empezando a refrescar y no sabes lo que daría por un poco de calor humano. Desde que te fuiste me he encerrado en mí misma y bueno... ya nada es lo mismo. La gente se aleja de mí, no les gusto.
Estoy temblando por el frío pero sigo aquí, sentada con los pies al vacío y con lágrimas resbalando como gotas de lluvia por mis mejillas. Empiezo a sentir como mi alma quiere deshacerse de mi cuerpo y perderse en el frío vació que deja la muerte. No dejo de preguntarme qué se debe sentir al caer desde lo alto. Supongo que sería como mi día a día. Vas cayendo y a medida que desciendes chillas, gritas. Pero nadie puede oírte. Y sigues cayendo, deseando que tu suave mejilla se desplome contra el duro suelo, pero ese momento no llega. Caes y no dejas de caer. Te hundes cada vez más, sólo quieres acabar de romperte en mil pedazos, desaparecer.
Y aquí me encuentro, en el borde del abismo decidiéndome sobre si saltar o no.