Que si Bécquer, Bukowski o Benedetti te hubieran conocido se darían cuenta de lo pequeña que se queda la poesía para ese marrón de ojos. Y con un breve pestañeo te digo que ni Salinas ha escrito versos tan bonitos como los que me ha dedicado tu corazón. Mis manos quieren saberte de memoria y mis labios hacer una degustación de tu boca. Perderme entre tu métrica y encontrarme entre tus brazos. Inundarme entre tus piernas y despertarme con tus uñas clavadas en mi espalda. Hablo de ti, de tu sabor, de tu tacto y de como tu sonrisa se plasma en mi prosa. Creo que las palabras se me escapan de entre los dedos y se está haciendo demasiado meloso y repetitivo -aunque cómo no hacerlo si no tengo otra inspiración más bonita que tus manos acariciándome las caderas para pasar a un mundo subterráneo en el que vivir aventuras inolvidables-. Aventuras especiales o espaciales, de universos, galaxias y estrellas, de contar lunares en tu espalda y quedarme dormida en tu pecho. De besarte tímidamente mientras acaricias mi espalda desnuda y nos tumbamos en la cama. Yo encima, tú debajo y jugamos a ser dos adolescentes hormonados hasta el cuello. Enlazamos nuestros cuerpos, nos unimos y ahora, por fin, hemos creado ese 'nosotros' con el que tanto tiempo habíamos fantaseado. Somos arte, magia, versos, poemas, métrica y prosa. Somos todo eso cuando bailamos en la cama de aquel desdichado motel al son de las rimas más intensas de Neruda.
Somos.
Somos.